Por: @jeff.qlo / Fotos: Javier Martínez (@javi_yulian.photo)
La noche de ayer ardía con un calor sofocante, pero en cuanto Nytt Land y Mortiis tomaron el escenario, una brisa helada pareció recorrer la sala. Ambos proyectos, venidos desde las frías tierras nórdicas, nos sumergieron en atmósferas que contrastaban con nuestra realidad, transportándonos a paisajes lejanos y épocas olvidadas.
La expectación por Nytt Land se sentía en el aire. La demora en su salida solo acrecentó la tensión hasta que finalmente emergieron, desatando un hechizo sonoro que nos conectó con algo primitivo y ancestral. Sus tambores retumbaban como ecos de una civilización perdida, mientras sus voces evocaban espíritus de la naturaleza y dioses antiguos. Era un ritual, un portal a tierras vírgenes cubiertas de bosques inmensos y ríos indomables. Cada sonido parecía evocar el aullido del viento entre los árboles o el crepitar de una hoguera en una noche sin tiempo. En un mundo donde todo parece inmediato y artificial, Nyyt Land nos hizo sentir la vida en su estado más puro, como si estuviéramos en comunión con algo más allá de nuestra comprensión.
El aspecto sonoro fue acompañado por una ambientación visual que reforzaba la sensación de estar presenciando un rito chamánico. Luces en tonos fríos, verdes y azulados, fluctuaban como llamas etéreas sobre el escenario, envolviendo a los músicos en una penumbra que acentuaba la mística de su presentación. Cada gesto, cada movimiento de los integrantes de la banda parecía calculado, como si estuvieran canalizando una energía que los atravesaba. La sensación de trance se extendió al público, que no solo escuchaba, sino que experimentaba cada vibración en lo más profundo del cuerpo.
Luego llegó Mortiis, y el paisaje cambió. Si Nytt Land nos llevó a la inmensidad de la naturaleza indómita, sumergiéndonos en la solemnidad de antiguas fortalezas y castillos en ruinas, la música de Mortiis es la oda perfecta a una realidad que conocemos bien: la velocidad implacable de la vida moderna, la frialdad en las interacciones humanas, la distancia que separa a las personas incluso cuando están cerca.
Sin embargo, dentro de su oscura majestuosidad, Mortiis nos hizo sentir lo contrario. Sus melodías, cargadas de nostalgia y misterio, nos transportaron a salones iluminados por antorchas, a pasillos de piedra donde resuenan historias de grandeza y tragedia. La sensación no era solo de aislamiento, sino de introspección; como si, por un momento, fuéramos los guardianes de un reino perdido, envueltos en una melancolía épica que solo la música puede transmitir.
La noche fue un contraste perfecto. Nytt Land nos hizo sentir la fuerza de lo vivo, la conexión con algo primigenio, un fuego que aún arde en lo más profundo de nuestro ser. Mortiis, en cambio, nos recordó lo que se ha perdido, la inmensidad de lo que queda atrás y la belleza de la nostalgia que se convierte en monumento sonoro.
En medio del calor abrasador de nuestra realidad, ambos actos trajeron consigo el eco de mundos fríos y lejanos y quienes estuvimos allí, por unas horas, dejamos de ser simples espectadores para convertirnos en testigos de la vastedad del tiempo y la memoria.
Setlist Nytt Land
1. Adr Burz
2. Ritual
3. Firez
4. Ugra
5. Solo flute
6. Huginn Ok Muninn
7. Risu Raknar
8. Ragnarok
9. Vikup
10. Torem
Setlist Mortiis
1. Født til å Herske Part I
2. Fød til å Herske Part II
