Por Freddy Véliz
A finales de la década del 40’ un joven afroamericano de nombre John Coltrane inicia su carrera al alero del bebop, género del jazz que comenzaba a invadir los clubes de la mano de Charlie Parker y Dizzie Gillespie, con este último Coltrane comienza a dar sus primeros pasos, que lo llevarían mas tarde a formar parte de innumerables proyectos, llegando a ser descubierto por el mismísimo Miles Davis quien lo recluta para su quinteto, con el que terminan grabando Kind of Blue, considerada por muchos la obra máxima del jazz moderno, Coltrane en su carrera en solitario comienza a explorar distintos caminos, incorporando al jazz elementos de raíz étnica, y sobrepasando los límites estructurales, con interminables solos de saxo, siendo artífice de toda una revolución musical dentro de la música sincopada. Todos estos aspectos llamaban la atención de un joven francés llamado Christian Vander, amante del jazz y admirador de músicos como Chet Baker o Elvin Jones (gran influencia en el francés al momento de iniciarse en la batería), además de ser un ávido seguidor del movimiento vanguardista de comienzos del siglo XX. Fue tanto el impacto de la propuesta de Coltrane en Vander que pasó a ser de inmediato su principal referente musical. En 1967 y con solo 40 años el saxofonista norteamericano fallece afectando profundamente al baterista francés quien formaba parte de una banda y trabajaba en variados proyectos. Esta lamentable pérdida incita al músico a intentar continuar el legado del genial saxofonista y decide comenzar un nuevo proyecto influenciado por el trabajo vanguardista de su ídolo, intentando una suerte de continuidad de la búsqueda de nuevas estructuras y posibilidades creativas. Así en 1969 concreta lo que llamaría MAGMA, nombre que nos conduce inmediatamente a imaginarnos la ardiente masa de lava concentrada en el centro de la tierra, y que bulle de los volcanes arrasando con todo a su paso, la música de Magma podría traducirse como una profunda concentración de ideas que emergen de la mente de Vander, posiblemente alimentada de su realidad rodeada de música transversal, entre lo docto, vanguardista, el jazz y la sicodelia que vivía uno de sus mejores momentos a fines de los 60s. En especial en Inglaterra con la escena de Canterbury liderada por bandas como Soft Machine o Caravan que ya experimentaban con las sonoridades provenientes del jazz y el rock de corte mas sicodélico.
Pero Christian Vander quiso ir más allá y a todos estos estímulos musicales, mas su interés por los problemas ecológicos que comenzaban a tomar fuerza en el mundo en esos años, creó todo un mundo (valga la redundancia) paralelo, creando líricas en base a un lenguaje salido de su curiosa búsqueda creativa, este ayudaría a complementar como un instrumento más la amalgama de ideas que fluían de su mente. A este lenguaje lo llamó Kobaïano, relacionado directamente del planeta Kobaïa, donde, según la historia que comenzó a gestar desde su primera obra discográfica de corte homónimo pero relanzado con el nombre de dicho planeta, donde un grupo de personas de la tierra, huyen para refugiarse y encontrar un cambio existencial y refundador de sus vidas.
La música que Vander logra crear en Magma, la define como Zeuhl , nutrida de elementos llenos de atmósferas que van desde pasajes de misteriosa oscuridad, a momentos sublimes y celestiales . Retroalimentándose de infinitas gamas musicales, donde tienen cabida ideas surgidas desde los avances de Stravinsky, la música coral, los sonidos lisérgicos de Wyatt, John Coltrane por supuesto, la música tribal y el rock progresivo imperante a comienzos de los 70. El concepto creado a través de Kobaïa y la Zeül Music no se detiene en su primer disco, y la historia va creciendo en contenido y forma, a la par de la música en sí, una propuesta que se mantiene en constante movimiento, al igual que los músicos que la componen, siempre renovándose, lo que hace de Magma un colectivo con ilimitados recursos instrumentales, siempre guiados por el maestro desde su batería y su esquizoide manera de componer.
Han pasado 44 años desde que el músico francés comenzó esta odisea, siempre lejos del mainstream y de los medios masivos, lo que ha convertido a Magma en una agrupación de público selectivo, que busca más allá de las fronteras que nos ofrece la radio o el mercado común. Estamos claros, la propuesta de Magma no es fácil de digerir, pero es tan seductora que apenas te enganchas con uno de sus discos, sientes estar obligado a seguirle los pasos e intentar descifrar esos códigos por momentos ilegibles, dejando a libre interpretación de cada uno de nosotros, tal como cualquier obra de arte que nace desde la subjetividad de su creador.
Su discografía consta de 11 discos de estudio, todos ligados entre sí, respecto a Kobaïa, si bien con cualquiera de ellos podemos comenzar a adentrarnos en el mundo paralelo de Christian Vander podría sugerir comenzar por sus primeras publicaciones, para apreciar la constante evolución de este proyecto. Kobaïa, 1001° Centigrades, Mëkanïk Destrüktïw Kömmandöh, Würdah Ïtah y Köntarkösz , pueden ser un fuerte estímulo para abrir las puertas de esta dimensión extrasensorial.
Actualmente por la red se puede encontrar más fácilmente parte de la magnífica obra de Magma, el formato físico siempre ha sido de difícil acceso por este lado del mundo, son contadas las tiendas donde podemos adquirir alguna de estas esquivas copias, pero si hurgueteamos en locales especializados en la música de avanzada podemos tener suerte.
Luego de cuatro décadas liderando el movimiento, Magma y su gestor Christian Vander nos traerán parte de su mundo a Chile, una visita que hace algunos años veíamos imposible, siendo Magma una banda que no realiza giras extensas, moviéndose solo por Europa, hace algunos años lo más cerca que estuvo de existir alguna posibilidad, fue su participación en BajaProg, el reconocido festival de rock progresivo realizado en México.
Estamos a solo un par de días de cumplir un gran sueño, un viaje por espacios y estructuras musicales que sólo la inventiva del genial Christian Vander podía concretar, un viaje que comenzará en Valparaíso y terminará en Santiago, dos actuaciones imperdibles, difíciles de repetir y que nos trasladarán a lo más excelso de la vanguardia de los últimos 40 años. No pierdas tu pasaje a Kobaïa, es la oportunidad de ampliar tu horizonte musical.
